El cine ha filmado millones de kilómetros de celuloide en historias de buscadores corriendo peligros, viviendo aventuras... Pero acercarse a la Palabra de Dios es una aventura de descubrimiento de tesoros eternos. He aquí uno de estos tesoros:
La carta del apóstol Pablo a los cristianos de Filipos, que es conocida como la epístola del gozo, tiene un momento sublime en su segundo capítulo.
El escritor nos presenta aquí dos realidades del ministerio de nuestro Señor Jesucristo: la Humillación y la Exaltación.
El capítulo comienza con una apelación a la unidad en sus dos aspectos, la del Espíritu y la de la fe; resalta una cuestión básica para esta unión profunda, y que pocas veces consideramos: la humildad.
Hasta ahora estamos de acuerdo, pero ¿qué es la humildad? El apóstol no la define, sino que nos da el Ejemplo de ejemplos, el de Aquel que dijo de sí mismo "... aprended de mí que soy manso y humilde de corazón..." (Mateo 11:29), y lo hace con un relato breve, pero de una profundidad enorme del camino del Señor desde el trono a la cruz.
Veamos las características de la obra redentora tal como las describe este pasaje:
"... el cual (Jesús) siendo en forma de Dios..." La palabra traducida aquí como "forma" es "morphëi", que alude a la forma esencial, a la naturaleza divina, no al porte o apariencia. Por lo tanto vemos que antes de la encarnación Jesús era ya verdadero Dios, con todos sus atributos.
"... no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse..." Los hombres tendemos a aferrarnos a nuestros lugares de poder o autoridad, por menores que estos sean. Los políticos buscan perpetuarse en el lugar de mando, los jefes en acumular potestades sobre sus subordinados, y así cada cual en su ámbito. Pero el Hijo de Dios no actuó así. Teniendo el lugar más alto en soberanía y potestad, no se aferró a él. El sustentador de todas las cosas (Juan 1:1-3) no reclamó su lugar, ni tampoco derechos, que los tenía todos.
Ya vamos viendo una vislumbre de lo que es la humildad... pero hay mucho más:
"... sino que se despojó a sí mismo..." Esta expresión llevó a algunas desviaciones doctrinales al ser mal interpretada. La palabra que se traduce como "despojó", proviene del griego "kenoö" (de allí que la doctrina referente a esto se denomine Kenosis), verbo que significa vaciar. Pero la pregunta a responder es ¿de qué se vació o despojó? El error proviene de creer que se despojó de su deidad, pero el mismo Pablo afirma en su carta a los colosenses que "... en él habita corporalmente la plenitud de la Deidad..." (Colosenses 2:9). Podemos afirmar que el Señor se despojó o desnudó de las características externas de su condición, pero no de su naturaleza divina, que el versículo seis adelantó que tenía, y que siguió teniendo.
"... tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres..." Tomó el Señor "forma" de siervo; nuevamente la palabra que aquí se usa significa "realidad esencial", o "naturaleza". He aquí otra doctrina que fue muchas veces mal interpretada: la dualidad entre lo espiritual y lo material que pregonaban los filósofos griegos, con su "imposibilidad" de actuar juntos, llevó a muchos a afirmar que Jesús no tenía una verdadera naturaleza humana, sino una simulación. Más allá de los textos de la Escritura que nos cuentan que el Señor tuvo hambre (Mateo 21:18), sed (Juan 4:7), cansancio (Juan 4:6), que sangró por sus heridas (Juan 19:34)... aquí Pablo declara sin ambages que Dios Hijo no dejó su naturaleza divina, sino que le sumó una naturaleza humana real, por lo que en Cristo conviven dos naturalezas, pero en una sola persona. Cuando el apóstol nos habla de ser hecho semejante a los hombres, nos habla de una verdadera semejanza, no de una mera apariencia.
"... y estando en la condición de hombre..." El término traducido como "condición" significa "porte exterior", se deriva del griego "schëmati", y nos sigue hablando de la verdadera humanidad de Cristo, que el autor de Hebreos exalta como una necesidad para su ministerio como Sumo Sacerdote del Nuevo Pacto (Hebreos, capítulos 1 al cuatro).
"... se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" La palabra humillar proviene del griego "tapeinoö", de allí que esta doctrina sea denominada de la Tapeinosis. Cristo no debió ser humillado, sino que se humilló a sí mismo. Todos nosotros tenemos una tendencia a escapar a ser humillados, es algo propio de la mente natural; pero Jesús, como hombre espiritual, no sólo no escapó a su humillación, sino que él mismo fue el consumador de ella. Esta es otra gran lección sobre este tema que Pablo no deja escapar en este pedido de humillarnos con que empieza esta apelación (versículo 3).
En cuanto a hacerse obediente, hay realidades espirituales que escapan a nuestra comprensión; el autor de Hebreos dice: "Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió obediencia..." (Hebreos 5:8).
No podemos agregar nada a esto, sino sólo adorar a Aquel que nos dejó tal ejemplo.
Ante tantas cuestiones incomprensibles a nuestra razón, y que creemos por la fe, nunca más oportuna la sentencia de Pablo en su primera carta a Timoteo (3:16):
"E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en carne,
Justificado en el Espíritu,
Visto de los ángeles,
Predicado a los gentiles,
Creído en el mundo,
Recibido arriba en gloria."
Este misterio nos deja lecciones para aprender y seguir en todos los ámbitos de nuestra vida.
Cristo dejando su trono y gloria (de los que nunca dejó de ser digno), para hacerse hombre, con todas las limitaciones que eso conlleva. El omnipotente, hecho un impotente y dependiente bebé humano. Pero, por sobre todas las cosas, y aún más duro para el Santo Dios Hijo: El cargó con nuestros pecados (Isaías 53:5), en una identificación tan real y profunda (2 Corintios 5:21), que por un momento llegó a sentir el desamparo que produce el pecado (Mateo 27:43), aun sin haberlo practicado nunca.
Teniendo tal ejemplo, y a la vez, Sumo Sacerdote sobre nuestras vidas, corramos la carrera hacia los pies de la cruz. Llevemos el yugo del Señor sobre nosotros, ya que por su sangre nos ha liberado de la esclavitud del pecado. No seamos duros de cerviz; y recordemos las palabras de Pedro:
"Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas..." (1 Pedro 2:21); y las de Juan:
"El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo" (1 Juan 2:6).
No nos extenderemos en la exaltación de Cristo, pero diremos que el propósito de nuestra vida es darle gloria y reconocer ese lugar que el Padre le ha otorgado. Como dice un corito: "no hay lugar más alto que estar a Sus pies" ¿por qué?, porque allí se conjugan nuestra humillación y la exaltación a Su Nombre.