Se cuenta la historia de un barco que, navegando una noche por el mar, recibió por radio una extraña indicación: apagar sus propias luces y seguir el rastro de un potente haz de luz que le señalaba otro rumbo.
El capitán, ignorando esta indicación, prosiguió su ruta. Pero volvió a oír el llamado, una y otra vez... finalmente, molesto, el marino inició una discusión diciendo:
-Yo soy el capitán del barco, y esta nave irá por donde yo decida.
A lo que recibió por respuesta:
-Usted es el capitán del barco, pero yo soy el guardián del faro. Y le aseguro que, si continúa en ese rumbo, se estrellará contra unos arrecifes. Ahora, le aconsejo que siga la luz del faro que lo conducirá a salvo, lejos del peligro.
¿Qué crees que hizo el capitán? Cerró su boca y, obediente, siguió las indicaciones de aquel que lo guiaba a puerto seguro.
A menudo, nuestras vidas son como esos barquitos que navegan por el ancho mar de este mundo, ignorando que fuimos creados por Dios con un propósito específico. Los hombres, por naturaleza, rechazamos esa realidad y queremos conducirnos en la vida a nuestro antojo. No deseamos escuchar a Dios cuando nos advierte acerca de las distintas situaciones que encontramos en nuestro camino.
Ya lo dijo Jesús:
"Al que oye mis Palabras y las hace, le compararé a un hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca, y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Mas el que oyó y no hizo (según mis Palabras), es semejante al hombre que edificó su casa sobre la tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó y fue grande la ruina de aquella casa" (Lucas 6:47-49, La Biblia).
La inundación, ese río que da con ímpetu contra la casa, no es otra cosa que la multitud de dificultades que encontramos en el camino de la vida. Qué importantes son los consejos de la Palabra de Dios -la Santa Biblia- para edificar con buen fundamento todo aquello que estamos haciendo, ya sea nuestra propia vida, la familia, una empresa... ¡Cuánta necesidad tenemos de escuchar al Gran Guardián del Faro, para que el barquito de nuestra vida deje de navegar a la deriva en el mar de este mundo!
Al leer estas líneas, tal vez te preguntes ¿cómo puedo escuchar la voz de Dios en las diversas situaciones que me toca enfrentar cada día? En primer lugar te diré: ¡deja de dar las espaldas al Señor y comienza a buscarle! La Biblia afirma: "El que busca halla y al que golpea se le abrirá". Además, Jesús dijo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida". Puedes seguir este Camino, conocer la Verdad, y vivir la verdadera Vida.
Dios está más cerca de ti de lo que imaginas. Si deseas ayuda para encontrarle, cuenta con nosotros.
Dios Te Bendiga.